Los baños termales

A finales del siglo XVII existía un gran estanque cubierto con una bóveda de sillería.
El municipio de Jaén compró el paraje y mando construir en 1.781 un estanque para uso exclusivo de las mujeres y abrió un camino hacia la ciudad lo que catapultó su florecimiento. El cabildo de la Catedral levantó a instancias del conocido Deán Martínez Mazas una calle de casitas para aguistas y una ermita dedicada a San Cosme y San Damián. El balneario cobra fama en el S. XIX y se construyen las casas para el médico-director. Las aguas concurrieron a la Exposición de Barcelona en 1.888.

A pesar de ello, la historia no fue fructífera para este lugar ya que las gentes no acudían al balneario por necesidad sino más bien por ocio y diversión. En el año 1925 Don José de Prado y Palacio, nuevo propietario, intentó relanzar el balneario a través de las aguas de Jabalcuz, construyéndose amplios Jardines según el proyecto de Cecilio Rodríguez, restaurante, pista de baile ... Sin embargo trás su fallecimiento un año después las obras se paralizaron truncándose en parte el ambicioso proyecto, que no obstante fue catalogado en su época como el mejor jardín de la ciudad. Las gentes dejaron de acudir al lugar y el paraje se abandonó quedando tan sólo algunos pequeños propietarios de establecimientos.

LOS BAÑOS
Interesante texto extraido de la revista cultural SENDA DE LOS HUERTOS de Jaén.
Muy cerca de Jaén, al pie de la imponente mole del macizo de Jabalcuz, tuvieron nuestros mayores un complejo de ocio y recreo que muchos consideraban paradisíaco : Los Baños.
Desde los finales del siglo XVIII, ? Los Baños de Jabalcuz ? constituyeron un ameno y deleitoso enclave rural que durante todo el año permanecía lleno de vida y animación.
La reordenación urbanística y administrativa del balneario del siglo XIX y su paulatina configuración como un centro de reposo y ocio, hicieron que poco a poco en el entorno del balneario se fueses configurando una amplia colonia, constituida en su mayoría por modestas casitas de dos plantas, que pese a sus carencias y limitadas comodidades eran muy codiciadas por quienes querían pasar una temporada de descanso y reposo.
Todas las edificaciones fueron disponiéndose a lo largo del camino y frente a los jardines y en torno al edificio del Balneario conformaron una agradable placita que centraba los principales servicios del lugar: la fonda, la casa del médico-director, la escuela unitaria y rural, la cartería, el ventorrillo...
Esta placita era el auténtico corazón del Balneario. Allí se organizaba y se distribuía el laboreo diario, se formaba la tertulia, aparcaban los escasos servicios de transporte....Era un grato lugar de encuentro, que en temporada alta o en días festivos aparecía muy concurrido, pues a los dolientes que acudían a ? tomar las aguas ? se unían los muchos excursionistas que llegaban desde la capital para pasar un día de asueto y las gentes de los caseríos circundantes que se llegaban a los Baños para aprovisionarse de artículos de primera necesidad, recoger el correo, adquirir noticias y si se terciaba, ganar unas pesetas vendiendo a los agüistas sus excedentes de frutas, hortalizas, huevos y averío de corral.
Los Baños constituían pues una pequeña aldea, que hasta que con los años sesenta comenzó la huida del mundo rural, ofrecía cierta entidad. Hasta 406 residentes fijos estiman los censos de 1950, con 52 viviendas formando conjunto, más 104 diseminadas en su inmediato entorno.
A veces, por la suntuosidad de sus jardines y la amplitud de sus instalaciones, se celebraban fiestas, banquetes y bailes. Y entonces la placeta de los Baños se convertía en un reflejo, a escala menor, de la fastuosa vida social que según La Ilustración o Blanco y Negro se vivía en los balnearios de postín.
Tiempo hubo también, en que aprovechando su paz y sus silencios, en el lugar se celebraban retiros, tandas de ejercicios o cursillos de formación. En esas ocasiones, la plazoleta era el espacio natural para acoger los momentos de gratificante recreo.
Fue durante muchos años un lugar pletórico de encanto y atractivo, del que se llegaron a hacer tiradas de tarjetas postales e incluso una incipiente publicidad turística. Y que hasta mereció los honores de una visita, en octubre de 1915 de la popular Infanta Isabel ? La Chata" La Chata ?, que aquí recibió el efusivo y espontáneo homenaje de los lugareños.
Mas como la vida cambia, llegó el tiempo en que aquella plaza, otrora alegre y bulliciosa, hubo de quedarse mustia y silenciosa.
La gente dejó de creer en las virtudes salutíferas de las aguas. Las casitas fueron llenándose de achaques y se tornaron cada vez más incómodas. Y las familias que por allí vivían empezaron a trasladarse a la capital, donde se vivía con menos fatigas y se podía ofrecer mejor porvenir a los hijos.
Poco a poco, de forma lenta pero imparable, llegó primero el olvido y luego la ruina. Y hoy aquella placita no es ni sombra de lo que fue, ni germen de lo que pudo ser. El camino, que fue su nervio, hoy ya no lleva a ninguna parte. Los tejados se han hundido. La sombra y la maleza se enseñorean en cualquier rincón.
Y las pocas piedras que quedan en pie, son como un grito de rabia e impotencia ante tanta desolación.
Manuel López Pérez - De Ayer a Hoy
Senda de los Huertos / Revista Cultural de la Provincia de Jaén
Números 53-54
